Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –SÃ, igualmente todas las cartas.
–Sin que ninguna haya sido fotografiada.
–SÃ, sin que ninguna sea fotografiada.
El extranjero hablaba con voz solemne, en la que no habÃa el mÃnimo acento de súplica, pero tampoco la más mÃnima inflexión de autoridad. Él no ordenaba ni preguntaba: enunciaba los actos inevitables de Arsenio Lupin. TenÃa que ser asÃ. Y asà serÃa, cualesquiera que fuesen las exigencias de Arsenio Lupin, y cualquiera que fuese el precio que aquél fijara para llevar a cabo esos actos. Por anticipado, las condiciones estaban ya aceptadas.
«Caray -se dijo Lupin-. Tengo que enfrentarme a algo muy tuerte. Si apelan a mi generosidad, estoy perdido.»
Trató de reaccionar para no debilitar su posición, ni tampoco abandonar todas las ventajas que habÃa conquistado con tanto esfuerzo.