Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Supongamos que dos paÃses estén divididos por una cuestión insignificante… Que tengan un punto de vista diferente sobre un problema secundario… Un problema colonial, por ejemplo, en el que esté en juego el amor propio más bien que sus intereses… ¿Acaso es imposible que el jefe de uno de esos paÃses llegue por sà mismo a tratar ese problema con un nuevo espÃritu de conciliación?… ¿Y a dar instrucciones necesarias para…?
–¿Para que yo le deje Marruecos a Francia? – dijo el extranjero, rompiendo a reÃr.
La idea que sugerÃa Lupin le parecÃa la cosa más tonta del mundo y por ello reÃa a mandÃbula batiente. ExistÃa tamaña desproporción entre el objetivo a alcanzar y los medios ofrecidos para alcanzarlo… -Evidentemente… Evidentemente -dijo el extranjero, esforzándose en vano por recobrar su seriedad-. Evidentemente, la idea es original… Toda la polÃtica moderna trastornada para que Arsenio Lupin quede libre. Los objetivos del Imperio destruidos para permitir que Arsenio Lupin continúe sus fechorÃas… Vamos, ¿por qué no me pide usted que le entregue Alsacia y Lorena?
–Ya he pensado en eso, señor -replicó Lupin. El regocijo del extranjero aumentó de grado.