Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –¡Cómo, señor Lupin, entonces tiene usted la intención de abandonarnos!
–Y con gran sentimiento de mi corazón, señor juez de instrucción, puede usted estar seguro de ello, puesto que nuestras relaciones eran de una encantadora cordialidad. Pero no hay placer que no tenga fin. Mi cura de salud en el palacio de la Santé ha terminado. Otros deberes me reclaman. Es preciso que me fugue esta noche.
–Buena suerte entonces, señor Lupin.
–Se lo agradezco mucho, señor juez de instrucción.
Arsenio Lupin esperó pacientemente la hora de su fuga, pero no sin preguntarse en qué forma se efectuarÃa aquélla y por qué medios Francia y Alemania, reunidas merced a esa obra meritoria, llegarÃan a hacerla realidad sin demasiado escándalo.