Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Perfectamente -exclamó Lupin-. Vamos a Garches. Me necesitan allà para reconstruir la muerte de Altenheim. Bajaremos a los subterráneos, yo desapareceré y luego dirán que me evaporé por otra salida que solamente conocÃa yo. ¡Dios santo, qué idiota es todo esto!
ParecÃa desolado.
–Idiota, de lo más idiota que cabe imaginar… Me hace enrojecer de vergüenza… Y éstas son las gentes que nos gobiernan… Qué época ésta… Pero, desgraciados, deberÃan haberme consultado a mÃ. Yo les hubiera preparado una evasión perfecta, del género de lo milagroso. Es una de mis especialidades. El público hubiera aullado ante tamaño prodigio y se hubiera derretido de alegrÃa. Pero en lugar de eso… En fin, cierto es que a ustedes les sorprendió la cosa un poco inesperadamente… Pero, a pesar de ello…
El programa de la fuga era, en efecto, tal como Lupin lo habÃa previsto. Penetraron en la casa de retiro hasta el pabellón llamado Hortensia. Lupin y sus dos acompañantes bajaron y cruzaron el subterráneo. Al llegar al final, el subjefe de PolicÃa le dijo: -Está usted en libertad.