Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Pero los cinco hombres parecÃan completamente resueltos a todo. Su jefe no mostraba hacia Lupin la mÃnima ternura, y Lupin pensó que aquel hombrón se sentirÃa muy feliz de emplear con él medidas extremas. Y después de todo, ¿qué le importaba? Dijo en broma:
–¿Que si eso me agrada? Si ése era precisamente mi sueño. En el patio esperaba una potente limusina. Dos hombres subieron en la delantera y otros dos se acomodaron en el interior. Lupin y el extranjero se instalaron en el asiento del fondo.
–En marcha -gritó Lupin en alemán-. En marcha, camino de Veldenz.
El conde le dijo:
–Silencio. Estas gentes no deben enterarse de nada. Hable francés. No comprenderán… Y, además, ¿para qué hablar?
–SÃ, en realidad -dijo Lupin-, ¿para qué hablar?