Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin «Tú, amiguito mÃo -pensó Lupin-, tienes una cabeza que no me agrada. Ya te la arrancaré un dÃa u otro. Eres feo, eres gordo y eres macizo; en una palabra, me desagradas.»
Y luego añadió en voz alta:
–El señor conde comete un error en no responderme. Si hablaba, lo hacÃa en interés de usted; he visto en el momento que subÃamos por la carretera un automóvil que desembocaba detrás de nosotros en el horizonte. ¿Lo vio usted?
–No, ¿por qué?
–Por nada.
–Sin embargo…
–No, nada en absoluto… Una sencilla observación… Por lo demás, le llevamos diez minutos de ventaja… y nuestro coche tiene, por lo menos, una potencia de cuarenta caballos.
–Sesenta caballos -dijo el alemán, que observaba a Lupin con inquietud por el rabillo del ojo.