Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Un gesto de cólera apareció en el rostro del alemán, pero lo reprimió rápidamente.
–¡Ah!, pero de eso no habÃamos hablado.
–No se precisó nada, señor… Ni sobre eso ni tampoco sobre el viajecito que su majestad me obligó a hacer entre seis guardias de Corps. Yo debo entregar los papeles y eso es todo.
–Y yo no debo dejarle a usted en libertad sino a cambio de la entrega de esos papeles.
–Es una cuestión de confianza, señor. Yo me hubiera creÃdo igualmente comprometido a entregar esos papeles, si me hubieran dejado en libertad al salir de la prisión, y su majestad puede estar seguro que yo no me los hubiera llevado bajo el brazo. La única diferencia es que esos papeles estarÃan ya en vuestro poder, señor. Porque hemos perdido un dÃa. Y un dÃa en este asunto… es un dÃa de más… Solamente lo que hace falta es tener confianza.
El emperador miraba con cierto estupor a aquel hombre al margen de la sociedad, aquel bandido que parecÃa sentirse vejado porque se desconfiase de su palabra.