Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin El emperador, sin responder, llamó a un timbre.
–Que venga el oficial de servicio -ordenó. Apareció el conde Waldemar, muy pálido.
–¡Ah!, ¿eres tú, Waldemar? ¿Ya estás mejor?
–A sus órdenes, señor.
–Toma contigo cinco hombres…, los mismos, puesto que tienes seguridad en ellos. Y no pierdas de vista a este… señor, hasta mañana por la mañana.
Consultó su reloj.
–Hasta mañana por la mañana a las diez… No, le concedo hasta el mediodÃa. Tú irás a donde él quiera y harás lo que él te diga que hagas. En suma, estás a su disposición. Al mediodÃa me reuniré a ti. Si al dar la última campanada del mediodÃa no me ha entregado el paquete de cartas, volverás a subirlo en el automóvil y, sin perder un instante, volverás a llevarlo directamente a la prisión de la Santé.
–¿Y si intenta evadirse?