Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Entonces, arréglatelas.
Salió.
Lupin tomó un cigarro de encima de la mesa y se dejó caer sobre una butaca.
–¡Qué felicidad! Me gusta mucho más esta forma de proceder. Es franca y categórica.
El conde había hecho entrar a sus hombres, y le dijo a Lupin:
–En marcha.
Lupin encendió el cigarro, pero no se movió.
–Átenle las manos -ordenó el conde.
Una vez que esa orden fue ejecutada, repitió:
–Vamos…, en marcha.
–No.
–¿Cómo no?