Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Señor Lupin, la apasionante investigación que usted ha realizado hoy, y de la cual nos comunica los brillantes resultados, ya la habÃa hecho yo antes, sÃ, hace dos semanas, en compañÃa de su amigo Herlock Sholmes. Juntos, hemos interrogado a la pequeña Isilda; juntos, hemos empleado a su respecto el mismo método que usted, y también juntos hemos descubierto las iniciales de la galerÃa y hemos llegado aquà a la sala de Apollon.
Lupin estaba lÃvido. Balbució:
–¡Ah! ¿Sholmes… logró llegar… hasta aqu�…
–SÃ, después de cuatro dÃas de investigaciones. Cierto es que con eso no hemos adelantado nada, pues nada hemos descubierto. Pero, a pesar de ello, lo que yo sé es que las cartas no están aquÃ.
Temblando de rabia, herido en lo más hondo de su orgullo, Lupin se irritó ante aquella ironÃa, encabritándose como un caballo que hubiera recibido unos latigazos. Jamás se habÃa sentido humillado a tal extremo. En su furor hubiera estrangulado al gordo Waldemar, cuya risa le exasperaba.