Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Luego, serenándose, dijo:
–El señor Sholmes ha necesitado cuatro dÃas. A mà me han bastado unas horas. Y aún me hubiese llevado menos tiempo si no me hubieran puesto obstáculos en mis investigaciones.
–¿Quién se los puso, Dios santo? ¿Mi fiel conde? Espero que él no se haya atrevido…
–No, señor, no fue él, sino el más terrible y más poderoso de mis enemigos, ese ser infernal que mató a su cómplice Altenheim.
–¿Y está aqu� ¿Cree usted? – exclamó el emperador, quien dejaba traslucir que algún detalle de este dramático relato no le era desconocido.
–Está siempre allà donde yo estoy. Me amenaza con su odio constante. Fue él quien descubrió mà personalidad cuando yo fingÃa ser el señor Lenorrnand, jefe de Seguridad; es él quien me hizo arrojar en la prisión, y es él también quien me persigue ahora que he salido de ella. Ayer, creyendo alcanzarme con sus disparos en el automóvil, hirió al conde de Waldemar.