Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –La batalla será dura. ¿Puedo luchar as�
El emperador le dijo al conde:
–Suéltalo… y tenme al comente…
AsÃ, pues, mediante un brusco esfuerzo y mezclando a la discusión, audazmente y sin ninguna prueba, la visión aborrecida del asesino, Arsenio Lupin ganaba tiempo y volvÃa a tomar la dirección de las investigaciones.
«TodavÃa me quedan dieciséis horas -se dijo-. Es más tiempo del que necesito.»
Llegó a la estancia ocupada por Isilda, situada al extremo de aquellos terrenos, cuyos edificios servÃan de cuartel a los doscientos guardias de las ruinas y en las que el ala izquierda, que era precisamente ésta, estaba enteramente reservada a los oficiales.
Isilda no se encontraba allÃ.
El conde envió a dos de sus hombres a buscarla. Regresaron. Nadie habÃa visto a la muchacha.