Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Sin embargo, ella no podÃa haber salido del recinto de las ruinas. En cuanto al palacio del Renacimiento, estaba, por asà decir, ocupado por la mitad de las tropas y nadie podÃa penetrar en él.
Finalmente, la esposa de un teniente que habitaba el alojamiento vecino declaró que ella no habÃa abandonado su ventana y que la muchacha no habÃa salido.
–Si ella no ha salido -exclamó Waldemar-, tiene que estar ahÃ; y no está.
Lupin observó:
–¿Hay algún piso más arriba de éste?
–SÃ, pero de esta habitación a ese piso no hay escalera para subir.
–SÃ, hay una escalera.
Señaló hacia una pequeña puerta situada sobre un reducto oscuro. En la sombra se percibÃan los primeros peldaños de una escalera, abrupta como una escala.