Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Le ruego a usted, mi querido conde -dijo a Waldemar, que intentaba subir-, que me conceda a mi este honor.
–¿Por qué?
–Porque hay peligro.
Se apresuró a subir, y en seguida saltó a un desván estrecho y bajo.
De su garganta escapó un grito:
–¡Oh!
–¿Qué ocurre? – preguntó el conde, apareciendo allí a su vez.
–Aquí…, sobre el piso…, Isilda…
Se arrodilló, pero inmediatamente, tras el primer examen, reconoció que la joven estaba solamente sin conocimiento y no presentaba ninguna huella de herida, salvo algunos rasguños en las muñecas y en las manos.
En la boca, formando una mordaza, había un pañuelo.