Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Weber, tengo intención de presentar mi dimisión. Te designaré sucesor mÃo.
–Eso ya está casi hecho -replicó Weber.
–¡Qué gran noticia! SentÃa inquietudes respecto a mi fuga. Ahora ya estoy tranquilo. Desde el momento en que Weber sea jefe de los servicios de Seguridad…
El señor Weber no replicó al ataque. En el fondo experimentaba un extraño y complejo sentimiento frente a su adversario, sentimiento constituido por el temor que le inspiraba Lupin y por la deferencia que él tenÃa hacia el prÃncipe Semine, asà como por la respetuosa admiración que siempre le habÃa testimoniado al señor Lenormand. Todo esto estaba mezclado de rencor, de envidia y de odio satisfecho. Llegaban ya al Palacio de Justicia. En la planta baja de la que llamaban la Ratonera, unos agentes de seguridad esperaban. Entre éstos, el señor Weber tuvo la satisfacción de ver a sus dos mejores lugartenientes, los hermanos Doudeville.
–¿No está aquà el señor Formerie? – les preguntó.