Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Y, de pronto, el adorno de bronce que dominaba el cuadrante y que representaba una cabeza de carnero, cayó, dejando al descubierto una especie de pequeño nicho tallado en la piedra.
En ese nicho habÃa una cajita de plata ornada de cinceladuras.
–¡Ah! – exclamó el emperador-. Usted tenÃa razón.
–¿Lo dudaba usted, señor? – dijo Lupin.
Tomó la cajita y se la presentó al emperador.
–Majestad, haga el favor de abrirla. Las cartas que vuestra majestad me dio la misión de buscar están aquÃ.
El emperador levantó la tapa y pareció muy sorprendido…
La cajita estaba vacÃa.