Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Fue un golpe teatral, extraordinario, imprevisto. Después del éxito de los cálculos efectuados por Lupin, después del descubrimiento tan ingenioso del secreto del reloj, el emperador, para quien el éxito final ya no era dudoso, parecía confundido.
Frente a él, Lupin, desencajado, con las mandíbulas contraídas y los ojos inyectados de sangre, rechinaba los dientes de rabia y de odio impotente. Se enjugó la frente cubierta de sudor y luego examinó vivamente la cajita, la volvió entre sus manos y tornó a examinarla como si esperase encontrar en ella un doble fondo. Finalmente, para mayor seguridad, en un acceso de furia, la aplastó apretándola con fuerza irresistible.
Eso le sirvió de alivio. Respiró ya más tranquilo.
El emperador le dijo:
–¿Quién hizo esto?