Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin El emperador le escuchaba manteniéndose absorto en sus reflexiones. Se paseó a derecha e izquierda por la estancia y luego hizo una señal a uno de los oficiales que se encontraban en la galena.
–Mi automóvil. Que lo dispongan pronto…, vamos a salir.
Se detuvo, observó a Lupin, y, acercándose al conde, le dijo:
–Y tú también, Waldemar, en camino… Derechos a ParÃs en una sola etapa…
Lupin aguzó el oÃdo. Oyó a Waldemar, que respondÃa.
–PreferirÃa llevar una docena de guardias más con este diablo de hombre…
–Tómalos. Y apresúrate, es preciso que llegues esta noche.
Lupin se encogió de hombros, y murmuró:
–¡Qué absurdo!