Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Lupin reprimió un gesto de cólera. Pero recordando de pronto lo ocurrido la víspera y que la joven parecía más bien haber conservado alguna memoria visual del tiempo en que había gozado de todo su juicio, Lupin escribió sobre la blanca pared una L y una M mayúsculas.
Ella extendió el brazo, señalando hacia las letras, y bajó la cabeza, cual si aprobase.
–¿Y después? – preguntó Lupin-. Después…, escribe tú.
Pero la joven lanzó un grito horrible y se arrojó al suelo en medio de aullidos.
Después se hizo el silencio y la inmovilidad. Isilda experimentó un nuevo estremecimiento y luego ya no se movió más.
–¿Muerta? – preguntó el emperador.
–Envenenada, señor.
–¡Ah!, la infeliz… ¿Y por quién?