Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin La entrada de la joven produjo estupor. Su rostro, siempre tan pálido, estaba cubierto de manchas negras. Sus rasgos faciales convulsionados revelaban un gran sufrimiento. Jadeaba con las manos crispadas, apoyadas contra el pecho.
–¡Oh! – exclamó Lupin con espanto.
–¿Qué ocurre? – preguntó el emperador.
–Vuestro médico, señor. Sin pérdida de tiempo.
Lupin se adelantó:
–Habla, Isilda. ¿Has visto algo? ¿Tienes algo que decir?
La joven se habÃa detenido con la mirada menos vaga, como iluminada por el dolor. Articuló unos sonidos, pero ninguna palabra.
–Escucha -le dijo Lupin-: responde sà o no… con un movimiento de cabeza… ¿Le has visto? ¿Sabes dónde está?… Tú sabes quién es…, escucha, si no respondes…