Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Un bello jardÃn se extendÃa por la parte posterior, encuadrado de otros jardines frondosos. Cuando unas crisis más dolorosas no la obligaban a encerrarse dÃas enteros en su dormitorio con las ventanas herméticamente cerradas, invisible para todos, Dolores se hacÃa llevar bajo los árboles y permanecÃa allà tendida, melancólica e incapaz de reaccionar contra el triste Destino.
La arena del camino crujió de nuevo, y, acompañado por la sirvienta, apareció un hombre joven, de aspecto elegante, vestido con sencillez, al estilo un poco anticuado de ciertos pintores, con el cuello bajo y corbata flotante de puntos blancos sobre el fondo azul marino.
La sirvienta se alejó.
–¿Andrés Beauny, no es as� – preguntó Dolores.
–SÃ, señora
–Yo no tengo el honor…