Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Dolores Kesselbach tomó la tarjeta que le tendía la sirvienta y leyó: Andrés Beauny.
–No – respondió. – No le conozco.
–Ese señor insiste mucho, señora. Dijo que la señora espera su visita.
–¡Ah!, quizá…, en efecto…, pásele aquí.
Después de los acontecimientos que habían trastornado su vida y que le habían herido con ensañamientos implacable, Dolores, tras haber pasado una breve temporada en el hotel Bristol, acababa de instalarse en una tranquila casa de la calle Vignes, al fondo de Passy.