Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Se estremeció, y dijo:
–¡Genoveva!
Ella clavó sus ojos en él con expresión de asombro, e, inmediatamente, aunque sorprendida por la extrema juventud que brillaba en aquella mirada, ella le reconoció, causándole tal turbación que se sintió desfallecer y hubo de apoyarse contra la puerta.
Él se había quitado el sombrero y la contemplaba sin atreverse a tenderle la mano. ¿Le tendería ella la suya? Él ya no era el príncipe Semine…, era Arsenio Lupin… Ella sabía que él era Arsenio Lupin y que salía de la prisión.
Afuera llovía. La joven entregó su paraguas al criado y balbució:
–Tenga la bondad de abrirlo y ponerlo en algún lado…
Y la joven penetró a través de la puerta sin detenerse.