Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Más lejos, en la esquina de la calle de la Pompe, estaba la tienda de vinos de que le había hablado la señora Kesselbach. Penetró en ella y habló largamente con el dueño. Luego tomó un auto de alquiler y se hizo conducir al Gran Hotel, donde vivía bajo el nombre de Andrés Beauny.
Los hermanos Doudeville le esperaban allí.
Aunque un poco hastiado por esta clase de satisfacciones, no por ello Lupin dejaba de disfrutar los testimonios de admiración y de dedicación con que sus amigos le colmaban.
–En suma, jefe, explíquenos… ¿Qué ha ocurrido? Con usted, nos hemos acostumbrado a los prodigios… Pero, a pesar de ello, hay un límite… ¿Entonces está usted libre? Sí, y helo a usted aquí en el corazón de París, apenas disfrazado.
–¿Un cigarro? – les ofreció Lupin.
–Gracias…, no.
–Pues haces mal, Doudeville. Éstos son unos magníficos cigarros. Los he recibido de un gran conocedor en materia de tabacos que se precia de ser amigo mío.