Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Dios mÃo, pues sÃ, soy yo, el prÃncipe Semine o, más bien dicho, Lupin, puesto que usted sabe mi verdadero nombre. ¿Acaso pensaba usted que Lupin se habÃa muerto? ¡Ah!, sÃ, comprendo, la prisión…, usted esperaba… Vaya, hijo, vaya…
Le palmoteo afablemente sobre el hombro.
–Veamos, joven, ánimo, pues disponemos todavÃa de muchos dÃas plácidos y buenos para hacer versos. TodavÃa no ha llegado la hora. Haz versos, poeta.
Le apretó el brazo violentamente y le dijo cara a cara:
–Pero la hora se acerca, poeta. No olvides que me perteneces en cuerpo y alma. Y prepárate para representar tu papel. Será duro y magnÃfico. Y, por Dios, que verdaderamente me pareces el hombre apropiado para ese papel.
Rompió a reÃr, hizo una pirueta y dejó al joven Leduc desconcertado.