Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –SÃ.
–Pero ¿él tenÃa un cómplice, un asociado?
–¡Ah!, cállese usted… Cállese usted…
El rostro del mayordomo expresó de pronto una gran ansiedad. Lupin experimentó esa misma clase de espanto, de repulsión que sufrÃa el otro con sólo pensar en el asesino.
–¿Quién es? ¿Le has visto?
–¡Oh!, no hablemos de ése…, no se debe de hablar de él.
–¿Quién es?, te pregunto.
–Es el amo…, el jefe…, nadie le conoce.
–Pero tú le has visto. Responde. ¿Le has visto?
–Algunas veces en las sombras…, de noche. Nunca en pleno dÃa. Sus órdenes llegaban escritas en pequeños trozos de papel… o por teléfono.