Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Lupin rasgó el sobre. La señora Kesselbaeh le suplicaba que acudiera en su auxilio. A la caída de la tarde, dos hombres se habían estacionado bajo las ventanas de la casa de la señora Kesselbaeh y uno de ellos había dicho: «¡Caray!, no hemos visto más que fuego… Entonces queda entendido, daremos el golpe esta noche.» La señora había bajado y comprobado que la ventana de la despensa ya no cerraba o, cuando menos, que podía ser abierta desde el exterior.
–En fin -dijo Lupin-, es nuestro propio enemigo quien nos presenta batalla. Tanto mejor. Ya estoy cansado de permanecer en pie vigilando bajo las ventanas de Malreich.
–¿Acaso estará él allí a estas horas?