Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –No. TodavÃa me ha hecho una nueva jugada de las suyas, en ParÃs. Yo iba a jugarle una de las mÃas. Pero, ante todo, escúchame bien, Doudeville. Vas a reunir a una docena de nuestros hombres de los más fuertes… Por ejemplo, a Marco y al ujier Jerónimo. Después del asunto del Palace Hotel yo les habÃa dado unas vacaciones. Que vengan por esta vez. Cuando nuestros hombres ya estén reunidos, llévalos a la calle de Vignes. El viejo Charoláis y su hijo montaran guardia. Tú te entenderás con ellos, y a las once y media vendrás a reunir te conmigo en la esquina de la calle de Vignes y de la calle Reynouard. Desde allà vigilaremos la casa.
Doudeville se alejó. Lupin esperó todavÃa una hora más, hasta que la pacÃfica calle Delaizement quedó completamente desierta, y luego, viendo que León Massier no regresaba, se decidió y se acercó a la casa.
No habÃa nadie en las inmediaciones… Tomó impulso y saltó sobre el reborde de piedra que sostenÃa sujeta la reja del jardÃn. Unos minutos después estaba en el interior del jardÃn.