Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin El chamarilero había sacado dos revólveres de sus bolsillos.
Comprobó el funcionamiento de las armas y cambió las balas de las mismas, mientras silbaba una canción de café cantante.
Transcurrió una hora en esa situación. Lupin comenzaba ya a inquietarse, y, no obstante, tampoco se decidía a irse.
Todavía transcurrieron dos minutos, media hora, una hora…
Al fin, el hombre dijo en voz alta:
–Entra.
Uno de los bandidos se deslizó dentro de la cochera, y luego, uno tras otro, llegaron un tercero, un cuarto…
–Ya estamos todos -dijo el chamarilero-. Diosdado y el Mofletudo se reunirán a nosotros allá. Vamos, no hay tiempo que perder… ¿Venís armados?
–Por completo.