Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin HabÃa estrellas en el cielo. Una fresca brisa flotaba en el espacio.
Lupin cantaba.
La plaza de la Concordia…, el Louvre…, y a lo lejos, la masa negra de Notre-Dame…
Se volvió y entreabrió la portezuela, preguntando:
–¿Estáis bien, compañeros? Yo también, gracias. La noche está deliciosa y se respira un aire transparente…
Saltó sobre los desnivelados adoquines de los muelles. E inmediatamente surgió a su vista el Palacio de Justicia y la puerta de la Seguridad.
–Quédense aquà -ordenó Lupin a los dos chóferes-, y, sobre todo, cuiden bien a sus siete clientes.
Cruzó el primer patio y siguió luego por el pasillo de la derecha, que conducÃa a los locales del servicio central.