Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Una buena propina que dio por adelantado le evitó andar con ociosas explicaciones. Con la ayuda de los dos chóferes bajó a los siete prisioneros y los instaló en los coches, revueltos y con las rodillas de los unos contra las de los otros. Los heridos lloraban y gemían. Luego cerró las portezuelas.
–Cuidado con las manos -les dijo Lupin.
Subió al asiento interior del primer coche, y ordenó:
–En marcha.
–¿Adonde vamos? – preguntó el chófer.
–Al treinta y seis del muelle de los Orfebres, a la Seguridad.
Roncaron los motores…, se escuchó el ruido del despegue, y el extraño cortejo se puso en rápida marcha por las pendientes del Trocadero.
En las calles se adelantaron a algunos carros cargados de hortalizas. En las aceras se veían hombres armados de pértigas que apagaban las luces de gas de las farolas.