Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Al cabo de un momento tomó la hoja de papel, y leyó en voz alta:
Nuestros dÃas van a la deriva como llevados por una corriente que los empuja hacia una orilla adonde se llega sólo agonizando.
–No está mal -dijo una voz detrás de él-. Nadie lo hubiera hecho mejor. En fin, no todo el mundo puede ser un Lamartine.
–Usted…, usted-balbució el joven, asombrado.
–Pues sÃ, poeta, yo mismo, Arsenio Lupin, que viene a ver a su querido amigo Pedro Leduc.