Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –¡Ese imbécil! ¿No ha podido ver lo que yo esperaba de él? ¿Acaso no ha adivinado la grandeza de su papel? ¡Ah, ese papel se le meterá a la fuerza en la cabeza! ¡Levanta la cabeza, cretino! Serás gran duque por mi voluntad. Y prÃncipe reinante con una lista civil y unos sujetos para esquilarlos, y un palacio que Carlomagno te reconstruirá, y un amo que seré yo, Lupin. ¿Comprendes, desventurado? Levanta la cabeza, maldito, levántala más alto. Mira al cielo, recuerda que uno de los Deux-Ponts fue colgado por robo, incluso antes que se hablase siquiera de los Hohenzollern. Y tú eres un Deux-Ponts, y no uno de los inferiores; yo estoy aquÃ, yo, Lupin. Y tú serás gran duque, yo te lo digo. ¿Un gran duque de cartón? Sea, pero un gran duque, a pesar de todo, animado por mi soplo y quemado por mi fiebre. ¿Un fantoche? Sea, pero un fantoche que dirá mis palabras, que hará mis gestos, que ejecutará mi voluntad, que realizará mis sueños… ¡SÃ…, mis sueños!
Ahora ya no accionaba, permanecÃa inmóvil, como dominado por la magniñcencia de sus sueños Ãntimos.
Luego se acercó a Dolores, y con voz sorda, con una especie de exaltación mÃstica, exclamó: