Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Dolores le contemplaba ávidamente, dominada y sometida por la fuerza de aquel hombre. Sus ojos expresaban una admiración que ella no intentaba disimular.
Lupin colocó las manos sobre los hombros de ella, y le dijo:
–He ahà mi sueño. Por grande que sea, será desbordado por los hechos, os lo juro. El kaiser ya ha visto lo que yo valÃa. Un dÃa me encontrará acampado ante él y cara a cara. Tengo todos los triunfos en la mano. Valenglay se pondrá de mi parte… Inglaterra también… La partida está jugada… He ahà mis sueños… Y hay otro más…
Se calló súbitamente. Dolores no apartaba de él su mirada y una emoción infinita transfiguraba su rostro.
Una inmensa alegrÃa invadió a Lupin al sentir una vez más, y tan claramente, la turbación de aquella mujer ante él. Lupin ya no tenÃa impresión de ser para ella… lo que en realidad era, un ladrón, un bandido, sino un hombre, un hombre que amaba y cuyo amor provocaba sentimientos inexpresados en el fondo de un alma amiga.