Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Entonces ya no habló, pero, sin que sus labios las pronunciaran, le dijo todas las palabras de ternura y de adoración…, mientras soñaba en la vida que juntos podrÃan llevar no lejos de Veldenz, en el anonimato, pero todopoderoso.
Los unÃa un largo silencio. Luego ella se levantó, y suavemente le ordenó:
–Marchaos, os suplico que os marchéis… Pedro se casará con Genoveva, os lo prometo, pero es mejor que os marchéis… Que no permanezcáis aquÃ… Marchaos, Pedro se casará con Genoveva.
Lupin esperó unos instantes. Acaso esperaba y deseaba palabras más precisas, pero no se atrevió a preguntar nada. Y se retiró deslumbrado, embriagado y feliz de obedecer y de unir su destino al de ella.
Cuando se dirigÃa hacia la puerta, Lupin encontró una silla baja que tuvo que apartar. Pero al hacerlo su pie tropezó con algo que llamó su atención. Inclinó la cabeza para ver. Era un pequeño espejo de bolsillo, de ébano, con monograma de oro.