Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Lupin estaba muy excitado y no parecÃa en modo alguno dispuesto a aplazar la explicación, tanto más cuanto que, antes de entrar, le habÃa parecido percibir ruido.
Sin embargo, Dolores estaba sola y tendida en una otomana. Dolores le dijo con voz cansada:
–Quizá hubiéramos podido… mañana…
Lupin no respondió, sorprendido de pronto por un olor que le llamaba la atención en el gabinete de Dolores… Un olor a tabaco. Inmediatamente tuvo la intuición, la certidumbre, de que un hombre se encontraba allà en el mismo momento en que él llegó. Y que ese hombre continuaba cerca de ellos, oculto en alguna parte…
¿Pedro Leduc? No. Pedro Leduc no fumaba. Entonces, ¿quién?
Dolores murmuró:
–Acabemos, se lo ruego.
–SÃ, sÃ, pero ante todo… ¿Le serÃa a usted posible decirme…?