Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Se detuvo. ¿De qué serviría interrogarla? Si había allí, verdaderamente, un hombre oculto, ¿lo denunciaría ella?
Entonces, Lupin se decidió, y tratando de dominar aquella especie de temor molesto que le oprimía al presentir la presencia de un extraño, dijo en voz baja, de modo que solamente Dolores le oyera:
–Escuche usted, he sabido una cosa… que no comprendo… y que me turba profundamente. Es preciso que usted me responda, Dolores.
Pronunció el nombre de ella con una gran dulzura, cual si intentara dominarla por la amistad y la ternura de su voz.
–¿De qué se trata? – dijo ella.
–En el registro civil de Veldenz hay tres nombres que corresponden a los nombres de los últimos descendientes de la familia Malreich, establecida en Alemania.
–Sí, usted ya me contó eso…