Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Y entonces, en alguna parte, muy cerca, vibró casi imperceptible un ruido, un ruido de hojas removidas… Un ruido que no era en modo alguno el de las hojas que remueve el viento de la noche…
Cual Lupin había previsto, se produjo en él instantáneamente una inmensa calma. Toda su naturaleza de gran aventurero trepidaba de alegría. Era, al fin, la lucha
Se oyó otro ruido más claro bajo la ventana, pero todavía débil, al extremo que era preciso poseer el agudo oído de Lupin para percibirlo.
Transcurrían los minutos, minutos espantosos…, la sombra era de un negro macizo. No penetraba en ella la claridad de una estrella o de la luna.
De pronto, sin que nada hubiera oído Lupin, éste supo que el hombre estaba en la habitación.
El hombre avanzaba hacia el lecho. Avanzaba como un fantasma,
sin desplazar el aire de la estancia y sin mover los objetos que tocaba.