Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Con mis manos sólo, con mis manos sólo. Nada vale tanto como la presión de mis manos.
Se acostó. De nuevo las sombras y el silencio. Y de nuevo el miedo, el miedo socarrón, lacerante, invasor…
En el reloj de la aldea sonaron doce campanadas…
Lupin pensó en aquel ser inmundo que allí abajo, a cien metros, a cincuenta metros de él, se preparaba, probaba la punta aguda de su puñal.
–Que venga…, que venga -murmuraba, tembloroso-. Y los fantasmas se desvanecerán…
En el reloj de la aldea sonó ahora la una.
Y transcurrían los minutos…, minutos interminables, minutos de fiebre y angustia… En la raíz de sus cabellos brotaban gotas de sudor que corrían por su frente, y tal le parecía que aquél era un sudor de sangre que le bañaba por entero…
Las dos…