Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Por la ventana abierta se inclinó hacia la noche inmensa, clara y sonora, temblorosa de ruidos confusos. A su mente acudieron recuerdos… Recuerdos de frases de amor que había leído o había oído pronunciar, y repitió varias veces el nombre de Dolores con el fervor de un adolescente que apenas se atreve a confiar al silencio el nombre de su bien amada.
«Vamos, preparémonos», se dijo.
Dejó la ventana entreabierta, apartó un velador que estorbaba el paso y colocó sus armas debajo de la almohada. Luego, tranquilamente, sin la menor emoción, se metió en la cama completamente vestido y apagó de un soplo la vela.
Y el miedo comenzó.
Fue inmediato. Desde que las sombras le envolvieron, comenzó el miedo.
–¡Maldita sea! – exclamó.
Saltó de la cama, tomó las armas y las arrojó al pasillo.