Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –No, solo. Y tan pronto hayas terminado de cenar, partirás, en efecto, ostensiblemente.
–Pero ¿no iré a ParÃs?
–No, esperarás fuera del parque, en la carretera, a un kilómetro de distancia… Hasta que yo llegue. Esto va a durar mucho.
Fumó otro cigarrillo, se paseó, pasó delante del castillo, vio luz en las habitaciones de Dolores y luego regresó al chalet.
Allà tomó un libro. Era las Vidas de hombres ilustres.
–Aquà falta una, y es la más ilustre -dijo-. Pero el porvenir esta ahÃ, y pondrá las cosas en su punto. Y me pondrán aquà como a Plutarco un dÃa cualquiera.
En el libro leyó la Vida de César, y anotó al margen de las páginas algunos pensamientos.
A las once y media subió.