Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin En la puerta del pabellón llamó a Octavio, subió a su dormitorio, se acostó en la cama y le dijo al chófer:
–Siéntate ahÃ, Octavio, y no te duermas. Tu jefe va a descansar. Vela por él, fiel servidor.
Durmió con excelente sueño.
–Como Napoleón en la mañana de Austerlitz -dijo al despertarse.
Era la hora de la cena. Comió copiosamente, y después, mientras fumaba un cigarrillo, inspeccionó sus armas y cambió las balas de sus dos revólveres.
–«La pólvora seca y la espada afilada», como dice mi amigo el kaiser… ¡Octavio!
Octavio acudió.
–Vete a cenar al castillo con los criados. Anúnciales que te vas esta noche a ParÃs en el automóvil.
–¿Con usted, jefe?