Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Era eso, igualmente, lo que le desconcertaba: la visión súbita que tenÃa, por instantes, de aquella potencia enemiga; una potencia tan grande como la suya y que disponÃa de medios formidables, de los que él mismo no se daba cuenta.
Inmediatamente sospechó de su carcelero. Pero ¿cómo habÃa sido posible corromper a ese hombre de rostro duro y expresión severa?
Lupin exclamó:
–Pues bien: tanto mejor; hasta ahora nunca tuve que enfrentarme con remolones… Para combatirme a mà mismo tuve que convertirme en jefe de Seguridad… Pero esta vez estoy aviado… He aquà un hombre que es capaz de meterme en su bolsillo… Y esto podrÃa decirse que lo harÃa como jugando conmigo… Si desde el fondo de mi prisión logro evitar sus golpes y a la vez destruirlo; si consigo ver al viejo Steinweg y arrancarle su confesión; encauzar el asunto Kesselbach y llevarlo a cabo en forma Ãntegra; defender a la señora Kesselbach y conquistar la fortuna y la felicidad para Genoveva…, entonces es verdad que Lupin será siempre Lupin… Y para llegar a eso empecemos por dormir…
Se tendió sobre la cama, murmurando: