Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Y empujando levemente a Lupin hacia la puerta, le dijo: «Marchaos… Regresad allá… Haced desaparecer el cadáver… Y que no queden huellas… ¿Eh? Ni siquiera la menor huella de todo este asunto… Cuento con usted… ¿No es as�»
Y Lupin regresó allá. Regresó como un autómata, porque le habÃa sido ordenado proceder asà y porque no tenÃa voluntad propia.
Durante horas esperó en la estación. Maquinalmente comió, tomó su billete para el tren y se instaló en un departamento.
Durmió mal. Le ardÃa la cabeza. SufrÃa de pesadillas, y a intervalos experimentaba sensaciones de confusión, luchando por comprender por qué Massier no se habÃa defendido.
«Era un loco… Seguramente… Un semiloco… La habÃa conocido a ella en otro tiempo… Y ella envenenó su vida… Le enloqueció… Entonces más valÃa morir… ¿Para qué defenderse?»
Asà pensaba Lupin.