Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Pero esa explicación sólo le satisfacÃa a medias y se prometÃa firmemente que un dÃa u otro lograrÃa esclarecer aquel enigma y saber el papel exacto que Massier habÃa representado en la existencia de Dolores. Pero, de momento, ¿qué importaba? Sólo un hecho aparecÃa claro: la locura de Massier. Y Lupin se repetÃa con obstinación:
«Era un loco… Ese Massier estaba indudablemente loco. Por lo demás, todos esos Massier constituyen una familia de locos…»
Lupin deliraba, embrollando los nombres y con el cerebro calenturiento.
Pero al bajar del tren en la estación de Bruggen, al recibir el aire fresco de la mañana, su conciencia experimentó un sobresalto. De repente, las cosas adquirÃan un nuevo aspecto. Exclamó:
–Bueno; tanto peor, después de todo. Él debÃa haber protestado… Yo no soy responsable de nada… Fue él mismo quien se suicidó… El no era más que un comparsa en esta aventura… Sucumbió. Lo siento… Pero ¿qué?