Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin La necesidad de actuar le embriagaba de nuevo. Y aunque herido, torturado por aquel crimen del cual se sabía a pesar de todo autor, miraba, no obstante, al futuro. Y se dijo:
«Son accidentes propios de la guerra. No pensemos en ello. Nada se ha perdido. Por el contrario. Dolores era el escollo, pues Pedro Leduc la amaba. Y Dolores ha muerto. Por tanto, Pedro Leduc me pertenece. Y se casará con Genoveva, conforme yo había decidido. Y él reinará. Y yo seré el amo. Y Europa… Europa será mía.»
Serenado, se exaltaba, lleno de una confianza súbita, febril, gesticulante, mientras recorría el camino haciendo molinetes con una espada imaginaria… La espada del jefe que quiere, que ordena y que triunfa.
«Lupin, tú serás rey. Tú serás rey, Arsenio Lupin.»
En la aldea de Bruggen pidió informes, y se enteró de que Pedro Leduc había almorzado la víspera en la fonda. Después de esto no le habían vuelto a ver.
–¿Cómo es eso? – dijo Lupin-. ¿No durmió aquí?