Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –No es nada, señores… No ha pasado nada más que el susto consiguiente… Un susto mayúsculo, lo confieso… A pesar de todo, sin la intervención de este hombre valiente…
Y acercándose al ermitaño, le preguntó:
–¿Cuál es su nombre, amigo mÃo?
El ermitaño habÃa conservado puesto su capuchón. Lo apartó un poco, y en voz muy baja, de manera que no lo oyera más que su interlocutor, respondió:
–El nombre de un hombre que se siente muy feliz de que usted le haya estrechado la mano, señor.
El emperador tuvo un gesto de sorpresa y retrocedió.
Luego, dominándose inmediatamente, dijo a los oficiales: