Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin El ayudante se levantó, observó con mirada curiosa a aquel sorprendente personaje y, con la mayor docilidad del mundo, salió.
Entonces Lupin sacó un cigarrillo, lo encendió, y en voz alta, al propio tiempo que se sentaba en el lugar del ayudante, dijo:
–Puesto que el mar no me ha querido, o, más bien, puesto que en el último momento yo no he querido el mar, vamos a ver si las balas de los moros son más compasivas. Y además, a pesar de todo, eso será más elegante… Haz frente al enemigo, Lupin, y hazlo por Francia.