Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin En voz muy baja, el señor Formerie recitó una oración de acción de gracias. Sin el milagro de aquella carta anónima, hubiera estado perdido, deshonrado.
–Ya es bastante por hoy -dijo-. Reanudaremos el interrogatorio mañana. Que los guardias lleven al detenido a la Santé.
Lupin permaneció inmóvil Se dijo a sí mismo que aquel golpe venía del otro. Y se dijo también que había veinte probabilidades contra una de que el salvamento de Steinweg ya no pudiese llevarse a cabo ahora, pero que, en resumen, quedaba aquella veintiuna probabilidad, y que no existía razón alguna para que él, Lupin, se desesperase.
Dijo sencillamente:
–Señor juez de instrucción, le doy cita a usted mañana a las diez de la mañana en el veintinueve de la villa Dupont.