Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Señor, la señora Formerie…
Tuvo que interrumpirse, falto de aliento.
–¿Cómo está la señora Formerie? – preguntó Lupin con interés-. Tuve el honor de bailar con ella este invierno, en el baile celebrado en el Ayuntamiento, y ese recuerdo…
–Señor -prosiguió el juez de instrucción-, la señora Formerie recibió de su madre anoche una llamada telefónica pidiéndole que fuese a visitarla inmediatamente. La señora Formerie se dirigió allá con toda urgencia, sin que desgraciadamente yo la acompañara, pues me hallaba estudiando el expediente de usted.
–Entonces, ¿estudia mi expediente? ¡Qué tonterÃa! – observó Lupin.
–Pero a medianoche -continuó el juez-, al ver que la señora Formerie no regresaba, me sentà inquieto y acudà presuroso a casa de su madre; la señora Formerie no se encontraba allà y comprobé que su madre no le habÃa telefoneado. No se trataba sino de la más abominable de las emboscadas. Y a estas horas, la señora Formerie todavÃa no ha regresado.